viernes, 18 de julio de 2014

La Ruta de los Inmigrantes en Caracas




La historia de Caracas está en la de sus inmigrantes, aunque ahora nos hayamos acostumbrado a emigrar y a las despedidas, la verdad es que tan sólo 4 generaciones atrás no solo el venezolano no se iba de su tierra -muchas veces estudiaba afuera siempre con vistas a volver- sino que recibíamos a personas de todas las nacionalidades, por la facilidad de papeles, el clima, las oportunidades de hacer mucho dinero con trabajo honesto y la alegría, la tolerancia y la seguridad de la costa más amplia del mar Caribe. 

Tuve la fortuna de crecer en una urbanización donde habíamos solo una minoría de venezolanos, solo en mi cuadra había 2 familias chinas, 1 argentina, 3 italianas 1 española, 2 portuguesas y 1 del Libano. Crecí en una atmósfera de tolerancia y de enriquecimiento cultural muy hermosa.


Me gusta conectarme con los inmigrantes a través de la arquitectura y la gastronomía, opciones hay muchas en Caracas para eso, pero paso una lista de mis impelables, sabiendo que en comida italiana y española estoy dejando por fuera demasiado.

1. El Café Vomero: Fundado en el año 1959 por Giovanni Misciagno. El café más aromático, los mejores paninis y a veces te hablan en italiano. Hubo una época en la que en La Carlota no se hablaba prácticamente el español debido a que casi todos eran italianos.


2. Comerse unas Crepes en Café Noissete en La Carlota: Sobretodo si hay música en vivo les gusta montar agrupaciones de Jazz o Boleros. El ambiente cálido y aromático, los sabores, la atención. Mi favorita es la Crepe Bourgogne: tradicional frances, carne de res cocida con salsa al vino, zanahoria, tocineta, champiñones o la Mais: con maíz a la crema y queso telita y de postre la de Nutella.


3. Villa Planchart: Es una casa hecha por el arquitecto milanés Gio Ponti y perteneció originalmente a Armando y a Anala Planchart. Ubicada en lomas de San Román con una increíble vista de 360 grados de Caracas resume la época de crecimiento económico y cultural de la Caracas de los 50. He ido a eventos culturales increíbles al atardecer y con LOS jardínes y las orquídeas. La historia completa está acá


4. Pincho pan en Los Palos grandes: Me encantan estos shawarmas pero lo pido para llevar y me lo como en la Plaza los Palos grandes y veo a los niños (en especial a los chinitos) jugar libre y felizmente y disfruto ESE milisegundo de silencio que hay cuando encienden los chorros de la plaza y todos los niños voltean para comenzar a gritar de nuevo y correr a mojarse.


5. Desayuno Chino en nuestro barrio chino en el bosque: Pasear por el mercado, comprar guisantes cubiertos de wasabi y desayunar sopa de pato. Para almorzar creo que los mejores chinos están acá también.

6. Desayuno Peruano: Tomar el metro hasta colegio de ingenieros y comer seviches y tiraditos. (Si no has ido abre tu mente con las moscas… cuando comiences a comer las olvidarás por completo).

7. El tizoncito en Paseo Las Mercedes: La única vez que he estado en México fue en una parada de un crucero y sólo vi las cosas de turistas, la verdad no tengo ni idea si aquí ofrecen es un sabor mexicano genuino o no ¡pero a mi me parece divino todo! Es un sitio pequeño y algo ruidoso pero la comida está excelente.

8. Din din en Los Palos Grandes: Comida Coreana deliciosa, la atención es puro amor. Cuando lo conocí era un sitio underground a donde solo se podía ir con reserva y eran literalmente en la casa del dueño, tenía un poco más de magia, pero ahora que es legal se come bastante bien también.

9. Il Botticello en La Castellana: entrar aquí es sentirte en Italia, es acogedor, ruidoso, la decoración es de trattoria total, las mesas super juntas, suele estar lleno y de la cocina salen los aromas más caseros. TODA la carta está buenísima.

10. La Cita en La Candelaria: En este sector de la ciudad hay varias tascas españolas recomendables pero el Fidegua de La Cita es del más allá, fui esta Semana Santa y habían 5 mesas con turistas de esos que llevan grandes cámaras. También en el casco de Chacao hay excelentes opciones de comida española.

11. El Club Portugués y la Hermandad Gallega: Ir a esos sitios es sentirse en familia, hay varias generaciones de europeos, aún se oyen los acentos marcados y la comida es sincera y casera.

12. Recorrido arquitectónico por la Florida y San Benardino: Los mangos, los chaguaramos y las palmeras crecen con un vigor exultante por toda esta zona, además la arquitectura de los 50 y 60 que se puede observar es increíble y nostálgica, aunque no todo está mantenido o se han vendido los terrenos para construir edificios, son urbanizaciones de europeos y especialmente judíos que te transportarán a otros tiempos. Si puedes ir con un arquitecto mejor.

13. Crema paraíso: Fundada en 1953 por Adalberto Katz polaco judío, se convirtió en una heladería icónica, en pocos años paso a tener más de 8 locales y su propia fábrica de helados. Resumiendo lo generoso que era el país contigo si trabajabas duro. Los clásicos la barquilla de mantecado, el banana Split y los perritos solo con salsa tártara. Los letreros y los uniformes parecen haberse quedado en los 50, es un sitio familiar y agradable.

14. Iglesia ortodoxa rusa: Las iglesias ortodoxas de la Santísima Virgen María en Altavista y de San Nicolás en Los Dos Caminos están entre los templos de culto más bellos de Caracas. Traté de ir para tomar la foto para este post pero estaban cerrados, no se si es temporal o qué. Construido en 1955, el templo está situado en Altavista y en su perímetro, entre la calle Ucrania y el pasaje Riga, se encuentra también una espléndida iglesia ortodoxa ucraniana. A mediados de los años 40 Altavista era un sector deshabitado de la urbanización “Catia” y fue habitada en su mayoría por rusos, pero también polacos, ucranianos, alemanes, checos, húngaros y de otras nacionalidades que huían de una Europa empobrecida por la Segunda Guerra Mundial. Altavista se convirtió en una verdadera Torre de Babel, en la que los vecinos oían numerosos idiomas, “incluso el español”. Ya no quedan tantas familias allí pero pueden verse cosas interesantes.

15. Comer comida casera preparada por algún abuelo o padre extranjero: Me encanta conversar con los que una vez lo dejaron todo atrás y vinieron a Venezuela con “una mano por delante y otra por detrás” en busca de un futuro mejor. Las historias de amor, los amantes separados de continente y reencontrados para hacer de este un país mejor me hacen suspirar y creer en que nada es imposible.

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