jueves, 8 de enero de 2015

Superar un duelo: Let Go and let God



Comenzó el 2015 y creo que mi cuerpo no se ha dado por enterado. En la mañana abro los ojos sin muchas ganas y veo maletas de las vacaciones de diciembre aún sin terminar de deshacer y recuerdo de forma confusa todo lo que pasó este fin de año.
La cosa fue así: el 25 de diciembre estaba con mis padres, mis hermanos y mis cuñados en la cima del Tepuy Roraima, en la cima del cielo pues (cabe acotar que en el camino me encontré con el gran Alfredo Autiero) el día 29 llegamos a Caracas y en la madrugada del 30 nos informan que mi nonna, madre de mi madre que vivía conmigo desde hace 20 años y estaba perfectamente sana, falleció en casa de mi tía en Tenerife. Sensación de aturdimiento, correr a hacer gestiones legales y búsqueda de pasajes, ¿pasajes en Venezuela un 30 de diciembre?, sensación de aturdimiento, avisar a amigos y familiares ¿o mejor no avisar para no arruinarles el año nuevo?. Mi novio que no vive en el país estaba acá y quería estar con él el mayor tiempo posible, misas, 3,2,1 ¿Feliz año nuevo? Responder llamadas, recibir abrazos, llorar, celebrar la vida como quería mi nonna, entender, no entender, mi novio se va, otras 2 de mis mejores amigas también se van a vivir a otro país, cada vez quedamos menos, mi hermana se va a vivir al Japón, ¿qué fecha me voy yo?, la van a cremar y la dejarán libre en el mar, ¿ella aún está de viaje? recoger y reorganizar cosas. Comenzar a trabajar, intentar comenzar a entrenar, extrañarla… Quiero arroparme y levantarme cuando pase el temblor.
Suspiro.




Sé que la muerte es de las pocas certezas que tenemos en la vida y que se agradece cuando esta llega sin largas enfermedades a las personas que tuvieron la dicha de tener una buena y larga vida. Pero para quienes perdemos un ser querido es un duro proceso de reajuste y de duelo aún si creemos que después de la muerte hay luz y que no es más que un nuevo comienzo.
La vida sigue y hay que buscar el modo de reenfocarse y sanar para poder continuar. Dicen que todas las respuestas se encuentran dentro de nosotros mismos así que revisé mi archivo personal de experiencias y aplicaré lo siguiente para ir sanando poco a poco y recomenzar este 2015 lista para afrontar todos los cambios que ya llegaron y cumplir mis metas:

Darse tiempo y permiso: Los duelos hay que vivirlos bien. No sufrir o que todo pase super rápido es negar el dolor y más adelante pagaremos las consecuencias de haber reprimido ese sentimiento. Los psiquiatras dicen que puede ser un proceso de 1 hasta 3 años. Darnos permiso para sentir, para no tener ganas de hacer nada, para readaptarnos a la pérdida, reconocer que somos vulnerables. Darse permiso para descansar, disfrutar y divertirse. Permitir sentirse bien, reír con los amigos, hacer bromas. Darse el derecho a buscar momentos para disfrutar, que además serán de gran ayuda para superar el dolor. Porque nuestro lugar está con los vivos y nuestro ser querido sólo desearía nuestra felicidad.

Nuestro duelo, nuestro modo: Todos los seres humanos somos distintos, y todo lo que hagamos va a estar bien. No es cierto eso de que el que más sufre es el que más amaba. Tirar o guardar las cosas del ser querido dependerá de cada quién. Hay que ser auténtico y no fingir emociones. No se puede juzgar el comportamiento de un doliente, cada quien es como es.

No automedicarnos: Es verdad que provoca tomarse un bote entero de sertralina para estar felices mágicamente o quizá algo para dormir y evadir la situación, pero eso no sanará nuestras heridas, debemos afrontar el proceso si queremos estar bien a largo plazo. Sin embargo podemos ayudarnos con flores de Bach; los médicos las reconocen como buenas aliadas. Una mezcla de Estrella de Belén-nogal-espino blanco suele ser útil, incluso en niños y mascotas.

Apoyarnos en otros: Dejar que nuestros amigos y familiares se acerquen, nos acompañen y nos ayuden en los quehaceres diarios es sano, tener quien nos escuche, buscar un terapeuta, hablar de lo sucedido y del muerto, desahogarnos, No sólo en el momento del funeral y los días posteriores al mismo, sino en forma periódica. Saber que se tiene siempre alguien cerca es algo hermoso que debemos permitirnos.

No tomar decisiones importantes: Mudarnos, vender inmuebles, terminar relaciones o tener un hijo son decisiones muy importantes que deben pensarse con claridad y mientras no hayamos superado el duelo seguramente no estaremos en nuestro momento más brillante. Podemos asesorarnos con un experto o postergar un poco la decisión.

Todo está bien: No hay lugar para arrepentimientos o culpas. Tenemos que tener la certeza que TODOS HACEMOS LO QUE PODEMOS CON LO QUE TENEMOS. Lo único que podemos cambiar es el AHORA. El pasado y el futuro no existen.  Dios tiene un plan para cada uno de nosotros y va dejando señales en del camino que debemos seguir, las personas entran y salen de nuestras vidas EN EL TIEMPO JUSTO y debemos agradecer cuando están y cuando ya no están. Aceptar las cosas que ocurrieron y cómo lo hicieron.

Dejar ir: Escribir las cosas que sentimos que quedaron pendientes por decir, hablarlas en voz alta, seguir los rituales funerarios de nuestra cultura para ir poco a poco aceptando, cuando ya no podamos más colocarlo en manos de Dios, Hacer nuestros propios rituales de cierre de ciclo. Dejar ir no es dejar de amar: Es darnos la oportunidad de ser felices aún sin nuestro ser querido porque lo merecemos.

Prometernos que vamos a apartar nuestro ego y buscar ayuda si la necesitamos. Un duelo mal llevado por muchos años nos llevará a una vida infeliz para nosotros y para quien nos rodea.

Todo va a estar bien. Todo ya está bien.

Just Love.

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