jueves, 19 de febrero de 2015

¿Qué he hecho yo por Venezuela?



Los domingos por la mañana a mi papá le gustaba hacer abdominales en el patio de la casa para recibir un poco de sol y a mi hermano y a mí nos parecía la idea más divertida del planeta montarnos sobre él y no dejarle hacer nada: explotábamos en risas y felicidad, mi mamá también era parte de ello, sé que tomó la fotografía para atesorar el momento. 

Y es que mi infancia fue así: plena y feliz. Yo estaba rodeada de afecto, salud, protección, ejemplos positivos, mi voz era respetada y estimulada… Yo no tuve que trabajar para llevar comida a mi casa, yo no tuve que nadar en el Guaire para buscar pelotas para poder jugar, no fui víctima de maltrato físico o psicológico, no me dormía con hambre u oyendo tiroteos, muertes, gritos, violencia... mi mamá no era una niña de 13 años cuando me tuvo, el ambiente que me rodeaba era sano y yo no jugaba en basureros a matar ratas con una china… Esas historias tristes no me las contaron, las vi yo misma en niños de barrios de Caracas… Y es que en los primeros años de vida se forma la base emocional de los seres humanos y allí radica la diferencia entre un ser integrado a la sociedad o un antisocial. Y no quiero decir que todos los niños vulnerables y pobres (en todo sentido) se conviertan en ladrones pero SI es bastante seguro que aquel que es capaz de matar a otro de su misma especie sólo por robarle un teléfono móvil, haya sido un niño abandonado. 

En Latinoamérica la desigualdad social es dolorosa sólo el 1% de las personas tiene el 60% de la riqueza y es verdad que las políticas públicas y los gobiernos deben hacer algo pero también debemos preguntarnos ¿Qué he hecho YO al respecto? ¿A cuántas ONG he donado tiempo o dinero para contrarrestar eso? ¿Cuándo fue la última vez que hice algo para que un niño tuviera un libro, una pelota o un instrumento musical en sus manos y no un arma? 

Ha llegado la hora del amor: Estamos recogiendo los frutos de lo que sembramos hace años. Hagamos de la próxima generación una que ame a los venezolanos,  hagamos que nuestros niños crezcan con amor y no con resentimiento para que al crecer y ocupen cargos de poder lo hagan desde el amor y no desde ese niño herido que odia. Sembremos amor para cosechar amor en el futuro. Venezuela lo necesita.

Más amor por favor,

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