domingo, 5 de julio de 2015

¿Quién eres realmente?

En este momento, yo debería estar casada, sí, debí haberme casado en la iglesia del colegio María Auxiliadora de Altamira y debí haber tenido una fiesta con hora loca, zanqueros y un video de al Agua Producciones. ¿Por qué? Porque soy mujer, porque tengo casi 30 años, porque ya me gradué del postgrado, porque soy de una familia muy cristiana y conservadora, mi novio es del Colegio San Ignacio, su hermano es cura, tiene 31 años, también tiene un postgrado y tiene un buen trabajo en otro país fuera de Venezuela… La historia de muchas de mis amigas, la historia de muchas mujeres caraqueñas contemporáneas a mí en fin.. la historia de mi timeline de Facebook.


Pero la verdad es que no estoy casada y aún no quiero. No me malinterpreten, quiero hacerlo eventualmente porque creo en la familia como institución, porque quiero tener hijos y quiero que crezcan en un hogar con esa estructura y con buenos valores cristianos y humanos. Pero quiero querer, quiero que mi novio quiera, quiero sentirme lista  quiero que sea a nuestro tiempo y a nuestro modo.

Darme cuenta de esto no fue fácil. Para nada, de hecho fue toda una crisis.

Antes de mudarme de Venezuela, estaba en una dura montaña rusa emocional, era todo a la vez, el duelo por dejar a mi familia, a mis amigos y a mi país, todos los papeles con los que tenía que lidiar, manejar el dinero, mis amigas también en lo suyo cada una tomando un rumbo distinto, la situación del país, las colas, la escasez, los miedos, las incertidumbres, me estaban amenazando con secuestrarme y fui victima de extorción por parte de un compañero… También hubo cosas hermosísimas y cada viaje que hice en esas últimas semanas quise tatuarlo en mis ojos y en mi alma. A mi país y a mi gente. ¿Qué qué tiene que ver todo esto con el tema de las bodas? Que encima de todo lo que estaba viviendo, me atormentaba y no me dejaba dormir, el hecho de que no estaba casada, de que sentía que me estaba yendo por la puerta de al lado y no por la puerta de enfrente como “todas” mis amigas, como “todas” mis compañeras del colegio en fin… como “todo” mi timeline de Facebook.

Sentí mucha presión por hacer las cosas de ese modo, incluso por parte de mis amigas. Y por supuesto, en aquel lío emocional llamaba a mi novio y lo presionaba, empecé a pensar que él no me quería, que no quería pasar el resto de su vida conmigo, dejé de ver todas las cosas que estábamos haciendo juntos y todo nuestro futuro solo porque no tenía un anillo aún para mostrar en instagram. Empecé a desconectarme de mi misma porque yo no era lo que la sociedad me pedía que fuera. Y eso me causaba sufrimiento.

Un día una persona me dijo “¿Para qué va a comprar la vaca si ya tiene la leche gratis?” y esa frase fue la que me despertó. En primer lugar yo no soy una vaca. Yo soy yo y he estado trabajando muchísimo en valorarme y en amarme estos últimos años como para sentirme una vaca que solo da leche. En segundo lugar, sé quién es él, porque lo elegí CONSCIENTEMENTE. Porque estoy con él por las razones adecuadas, porque ME AMÉ Y DESPUÉS fue que lo amé a él. No lo elegí por miedo a estar sola, no lo elegí por que peor sería nada, no lo elegí porque tengo problemas afectivos… No, lo elegí y lo elijo cada día porque me amo, porque lo amo y porque nos amo. Porque creo que nos va mejor juntos que separados y porque tenemos valores y principios similares y un plan de vida a futuro compatible.  Y eso no tiene que ver ni con vacas ni con anillos. Yo sé que tenemos un compromiso y que todo va a llegar.

Así que en plena montaña rusa de emigrante en vías al concubinato me detuve por un instante y respiré. ¿Qué quiero yo? Sin importar mi edad, mi condición cultural o social… ¿Qué quiero yo? Y la respuesta fue esta: Quiero hacer las cosas un poco más calmadamente. Quiero vivir esta aventura con mi apellido antes de pasar a ser “de” alguien. Quiero estar segura para cuando finalmente llegue ese momento. Y en ese momento solté y me sentí libre.

A veces veo a esas chicas rebeldes que mandan a la sociedad a la porra y no les importa nada y las admiro pero yo tampoco soy esa persona. Estoy en algún punto medio, yo lloro con Say yes to the dress pero jamás le daría a mi novio un ultimátum sólo porque “ya nos toca” según los estándares que ha creado la sociedad.

¿Quién soy yo?
¿Quién debería ser yo según la sociedad?

Muchas veces entre estas 2 preguntas hay una distancia bastante grande. Descubrir quién soy yo y efectivamente serlo es volverme auténtica. Pero resulta que quitarse esas capas que la sociedad nos ha impuesto nos va dejando como desnudos, nos muestra vulnerables. Al principio es doloroso pero una vez que eres tú ya no hay vuelta atrás, ya has comenzado un camino de consciencia, de sanación,  de aceptación y de amor propio. Y eso es sin dudas, el camino a la felicidad, al amor y al éxito.

¿Quién eres realmente?

Que todos los seres sean libres y felices.

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